¡Hola!
Como ya os conté en un post anterior mi abuela tenía grandes virtudes. Pero también grandes defectos, al fin y al cabo era un ser humano. Y uno de los peores era pensar que no está bien, que no es decoroso disfrutar de las cosas buenas de la vida. Que cada acción que emprendemos tiene que ser un pequeño sacrificio encaminado a ganar la gracia de Dios en la Vida Eterna. Y que aunque de esa manera los años que pasemos aquí sean una auténtica porquería, ello nos hará dignos a los ojos del Supremo. Y aunque yo tengo unas convicciones férreas respecto a cómo obrar virtuosamente en este mundo, que básicamente se resumen en no hacerle la puñeta a nadie, y me considero una persona íntegra (desequilibrada, pero íntegra...ja, ja...) no he logrado comulgar con esa idea de Creador, aunque sabe Dios (permítaseme la incongruencia) que lo he intentado fervorosamente, consciente del gran consuelo que ello ofrece en los momentos duros. Y sin embargo...¡ay amigas!, no me explico cómo, pero han conseguido grabarme a fuego un perpetuo sentimiento de culpa.
Holiday and Heatwaves
Hace 2 semanas