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miércoles, 21 de julio de 2010

Flor de fieltro y soy una víctima de mi educación judeocristiana

¡Hola!
Como ya os conté en un post anterior mi abuela tenía grandes virtudes. Pero también grandes defectos, al fin y al cabo era un ser humano. Y uno de los peores era pensar que no está bien, que no es decoroso disfrutar de las cosas buenas de la vida. Que cada acción que emprendemos tiene que ser un pequeño sacrificio encaminado a ganar la gracia de Dios en la Vida Eterna. Y que aunque de esa manera los años que pasemos aquí sean una auténtica porquería, ello nos hará dignos a los ojos del Supremo. Y aunque yo tengo unas convicciones férreas respecto a cómo obrar virtuosamente en este mundo, que básicamente se resumen en no hacerle la puñeta a nadie, y me considero una persona íntegra (desequilibrada, pero íntegra...ja, ja...) no he logrado comulgar con esa idea de Creador, aunque sabe Dios (permítaseme la incongruencia) que lo he intentado fervorosamente, consciente del gran consuelo que ello ofrece en los momentos duros. Y sin embargo...¡ay amigas!, no me explico cómo, pero han conseguido grabarme a fuego un perpetuo sentimiento de culpa.

martes, 18 de mayo de 2010

Broches de fieltro para pasar la tarde

En los salones de belleza no les vendría mal un poco de psicología, creo yo. De vuelta de mi chocoterapia he tenido que parar en la farmacia a comprar tiritas y mercromina para taparme las heridas que me ha dejado el comentario de la esteticista. He heredado algunas virtudes de mi madre, pero tengo que confesar que en lo que se refiere al pecho, he salido más a mi padre...Ahora bien, ¿era necesario que mientras me decía "relájate, este tratamiento te va a sentar genial" terminara con un "que sepas que el cacao es reductor, en el pecho no te pongo, ¿verdad?"?

viernes, 30 de abril de 2010

A broche y moche en fieltro

¡Hola!
¿Vosotras conserváis alguno de vuestros diarios de juventud? Yo tenía un cuaderno todo pintado (siempre me ha encantado dibujar) lleno de pensamientos que yo consideraba profundos y trascendentes. Eran los años 90, el grunge triunfaba y a mí todos aquellos cantantes (Eddie Vedder, de Pearl Jam, Kurt Cobain, de Nirvana, Layne Staley de Alice in Chains o Chris Cornell, de Soundgarden), me convencieron de lo desgraciados que éramos todos y de lo condenada que estaba la raza humana. Pero mi diario desapareció con mi juventud y sólo yo recuerdo la cantidad de "sufrimiento" adolescente que contenían aquellas páginas.