Buenas noches,
Por fin he encontrado algo de tiempo en medio de esta locura de cajas aliñada con un pelín de nostalgia que es cambiar una casa por otra.
Dejo un poco de mi juventud en mi vieja casa. Dejo muchísimos buenos momentos y algún que otro disgusto. Mi padre, que quería que viviera en un palacio y me casara con un príncipe, se enfadó mucho conmigo cuando la compré. Era muy pequeña y no estaba en la zona más lujosa del barrio. Él siempre ha esperado para mí algo más y yo siempre he sido muy consciente de estar defraudando sus expectativas, siempre corriendo al límite de mis fuerzas, tratando de alcanzar no se qué meta. Hasta que un día me cansé de intentar contentar a todo el mundo menos a mi misma y decidí empezar a tomar mis propias decisiones, aunque no le gustaran a nadie, ni a mi padre. Mi padre, con el que mantener una conversación era como pegarse cabezazos contra la pared, pero a la vez, esa persona cuya opinión tanto me importaba. Y decidí que siempre lo querría muchísimo, pero que su opinión dejaría de importarme tanto. Y fue entonces cuando me enteré de que hablaba maravillas de mí cuando yo no estaba presente. ¡Cómo es la vida! ¿Verdad?
August & Real Life
Hace 2 semanas