Mostrando entradas con la etiqueta Flores de tela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Flores de tela. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de julio de 2010

Camiseta azul reciclada y la literatura perniciosa

Me he pasado media vida almacenando información inútil en el cerebro y la otra media vaciándolo y volviéndolo a llenar de cosas útiles. O, más bien, para no faltar a la verdad, os diré que aún estoy en ello. De hecho, mi cabeza es como una especie de basurero gigante en el que se mezclan las letras de las canciones que me gustan, las escenas de las pelis que me emocionan, las citas de los libros que no paro de leer, con los éxitos del verano que aborrezco, los nombres de los actores secundarios de las telenovelas que ve mi madre, los personajes de la telebasura y un sinfín de cosas. Es como si todos esos datos saltaran a mi cabeza sin quererlo yo y, en definitiva, tengo que confesar que le he acabado cogiendo cierto gusto a eso del trash.
Sin embargo, hay una parte de mi bagaje cultural que me ha causado no pocas dificultades y trastornos de personalidad en mi juventud y del que sigo luchando por deshacerme. Todo es culpa de la literatura perniciosa. O más bien, de no saber interpretarla con el humor y la distancia que se merece.¡Malditas Elle, Glamour, Marie Claire y, sobre todo, maldita Cosmopolitan!

lunes, 14 de junio de 2010

Collar de flores de seda y las cosas de la vida

Buenas noches,
Por fin he encontrado algo de tiempo en medio de esta locura de cajas aliñada con un pelín de nostalgia que es cambiar una casa por otra.
Dejo un poco de mi juventud en mi vieja casa. Dejo muchísimos buenos momentos y algún que otro disgusto. Mi padre, que quería que viviera en un palacio y me casara con un príncipe, se enfadó mucho conmigo cuando la compré. Era muy pequeña y no estaba en la zona más lujosa del barrio. Él siempre ha esperado para mí algo más y yo siempre he sido muy consciente de estar defraudando sus expectativas, siempre corriendo al límite de mis fuerzas, tratando de alcanzar no se qué meta. Hasta que un día me cansé de intentar contentar a todo el mundo menos a mi misma y decidí empezar a tomar mis propias decisiones, aunque no le gustaran a nadie, ni a mi padre. Mi padre, con el que mantener una conversación era como pegarse cabezazos contra la pared, pero a la vez, esa persona cuya opinión tanto me importaba. Y decidí que siempre lo querría muchísimo, pero que su opinión dejaría de importarme tanto. Y fue entonces cuando me enteré de que hablaba maravillas de mí cuando yo no estaba presente. ¡Cómo es la vida! ¿Verdad?

domingo, 6 de junio de 2010

Collar de flores de tela y los recuerdos

Ahora que estoy de mudanza me he dado cuenta de la relación que tengo con los recuerdos. Conservo muchísimas cosas que vistas por ojos extraños se pueden considerar basura, pero para mí están inevitablemente ligadas al momento en el que pasaron a ser mías. El sobre de azúcar del primer café que me tomé con el que hoy es mi marido, entradas de museos y cines, programas de teatro, pulseras que me regaló gente que me importa pero ahora ya están rotas, posavasos, figuritas y muchíiiiiiiiiiisimas fotos. Todos esos instantes están en mi memoria, pero cuando abro las cajas y veo esos pequeños tesoros no puedo evitar sonreir. Y no puedo ni quiero desprenderme de ellos. Y no quiero que se me olvide ni perderme ni un segundo de mi vida. Quiero estar despierta y atenta cuando esté en un concierto y suene la música de mi grupo favorito, cuando comparta una cena con mis amigos y cuando me siente con los ojos cerrados en un banco para que me de el sol en la cara.